Se buscan emprendedores

El siguiente es un texto que alguna vez compartí con estudiantes del curso de redes de computadores pues  motiva el espíritu emprendedor: algo que necesitamos en nuestro país. Tomado de “El arte de la imprudencia profesional”. Paco Muro. Ediciones Urano. 2010. Pág. 74-78.

»Creemos que todas las personas muestran algún rasgo de emprendedor, igual que todos tenemos algo de vago, de luchadores, de generosos o de egoístas, esto es, algo de todas las características que definen a un ser humano. Sin embargo, ocurre que cada uno tiene mucho de algunos aspectos y menos de otros, y eso es lo que marca las diferencias entre cada persona y nos hace únicos como individuos. Existen personas con una gran capacidad emprendedora y otras con esa cualidad muy limitada. No obstante, para que un proyecto funcione a las mil maravillas, todos ellos son necesarios.

»Algunos son lo que podríamos llamar ejecutores, individuos con poco carácter emprendedor, aunque muy eficientes al realizar las tareas. Se trata de personas que pueden llegar a sufrir si no se les marca con precisión qué es lo que deben hacer; una vez aclarado, son capaces de realizarlo una y otra vez con fiabilidad. No cabe esperar demasiada creatividad e iniciativa de este colectivo, pero, a cambio, vivirán a gusto en puestos de responsabilidad limitada, siendo capaces de alcanzar con la experiencia una gran calidad de ejecución, lo que se convertirá en un plus de motivación para ellos.

»También encontramos a los gestores. Se caracterizan por tener cierto grado de espíritu emprendedor, suficiente para permitirles gestionar procesos y tareas. Les gusta que se les indique sus objetivos con claridad y necesitan una cierta parcela de autonomía. Asumen responsabilidades de nivel medio o alto y resultan imprescindibles para que todo fluya de forma coordinada. Ahora, no se les debe hacer sufrir demasiado con innovaciones y excesiva capacidad de decisión porque, probablemente, se desorientarían y les generaría estrés. Pueden gestionar los cambios si los comprenden, pero difícilmente serán ellos quienes emprendan una transformación.

»Por otro lado, aparecen los emprendedores sin más. Son aquellos que necesitan cancha para desarrollar sus iniciativas. No se muestran partidarios de los objetivos demasiados definidos y funcionan mejor si se les fija simplemente la meta y los parámetros entre los que deberán moverse; a partir de ahí, es recomendable dejarles hacer. Son creadores e impulsores de cambios e ideas innovadoras. Ahora bien, su dinamismo no siempre va acompañado de una buena gestión. Es más, en muchos casos, los emprendedores resultan incapaces de gestionar con competencia los proyectos que lanzan, y también suelen mostrar poca constancia en su ejecución una vez definidos. Algunos de estos emprendedores pueden que incluso no se muestren muy competentes en la dirección de colaboradores.

»Más conviene no confundir un emprendedor con un directivo. Por eso, debemos destacar una categoría adicional: los emprendedores directivos. Son impulsores de proyectos, innovación y cambios, pero necesitan ejecutarlos con y a través de un equipo. No les gusta trabajar en soledad ni se sienten incómodos con la gestión de personas y presupuestos. Disfrutan colaborando con un equipo y asumiendo su función de patrón del barco. Se desenvuelven con soltura en el mundo de las decisiones y tratan de aplicar todos sus conocimientos en el liderazgo de personas.

»Finalmente, en el último escalón, se sitúan los empresarios (es acertado decir “el último” porque todos los empresarios son emprendedores, pero, como podemos ver, no todos los emprendedores son empresarios, ya que no es lo mismo). Los empresarios no sólo poseen la certeza de que pueden hacer las cosas de otra manera, sino que además hacen suyo el proyecto y se juegan su dinero y su esfuerzo vital en el empeño. Son visionarios, ilusos e inconformistas por naturaleza y hacen de su empresa uno de los pilares de su propia vida. No se limitan a iniciar un proyecto, sino que desean que sea un éxito que perdure y se desarrolle. Tal es su implicación y su casta especial que el empresario sufre incluso cuando la empresa va muy bien.

»Cada componente en una organización muestra un nivel particular de espíritu emprendedor. Una empresa la puede empezar una sola persona o un pequeño grupo de empresarios que fundan una sociedad con el fin de iniciar su andadura y poner en marcha un negocio. Pero si las cosas funcionan, pronto necesitarán ejecutores que realicen las tareas básicas para que ellos puedan seguir desarrollando la empresa.

»Después, si todo va bien (que será porque se han hecho las cosas bien, se habrá cuidado el producto, se acertó con la estrategia comercial y los socios se partieron el lomo trabajando duro) será inevitable un primer crecimiento de la compañía
hasta el tope de su nivel operativo. Esto obligará a los accionistas iniciales a una primera evolución. Al principio, seguro que su lema era “todos para todo y todos a una”. Sin embargo, ahora toca repartirse tareas, crear un primer organigrama y, desde luego, alguien tiene que gestionar los procesos, alguien las ventas y alguien las finanzas. Posiblemente resulte mucho menos divertido que al principio, pero toca lo que toca.

»Después, si todo va bien (que será porque se han hecho las cosas bien, se habrá cuidado el producto, se acertó con la estrategia comercial y los socios se partieron el lomo trabajando duro) será inevitable un primer crecimiento de la compañía
hasta el tope de su nivel operativo. Esto obligará a los accionistas iniciales a una primera evolución. Al principio, seguro que su lema era “todos para todo y todos a una”. Sin embargo, ahora toca repartirse tareas, crear un primer organigrama y, desde luego, alguien tiene que gestionar los procesos, alguien las ventas y alguien las finanzas. Posiblemente resulte mucho menos divertido que al principio, pero toca lo que toca.

»Si la empresa sigue bien gestionada y con la garantía de la implicación y esfuerzo de los socios, su evolución prosigue hasta alcanzar un punto en el que sea imperativo un nuevo crecimiento. Y una de dos, o los socios se convierten en directivos, o llega la hora de nombrar a directivos especialistas (externos o por promoción interna).

»De este modo transcurre la primera etapa de, valga la redundancia, unos empresarios emprendedores. Cuando empresa está ya consolidada y tiene entre siete y diez años de existencia, ofrece buenos números y alcanza una buena posición en el mercado, se evoluciona hacia una siguiente fase.

»Puesto que a los emprendedores “le va la marcha” y no pueden mantenerse quietos, durante la época de bonanza aprovechan para seguir desarrollando la compañía. Este es el justo momento de plantear la siguiente evolución: innovar. Hay que probar cosas nuevas, ir a nuevos mercados, vender nuevos productos…, lo que sea, pero que resulte nuevo en el proyecto. Este hecho es importante porque el empresario sabe que lo que le ha llevado al éxito de hoy no le garantiza el futuro, por lo que debe asentar su proyecto empresarial a través de la diversificación, aun dentro de la misma especialidad en la que está ahora.

»Y para esta fase, para desarrollar ideas innovadoras, ¡vuelven a hacer falta emprendedores!, esos individuos que serán capaces de hacer realidad los nuevos planes e incluso proponer enfoques originales e innovadores. Lo harán al amparo de empresarios que les proporcionarán los recursos, el equipo de apoyo y los gestores para poder ejercitar con plenitud todo su espíritu emprendedor. Y si alguno de estos proyectos sale bien, se crearán más puestos de trabajo, harán falta más operadores, más gestores, más mandos, más directivos… y ¡vuelta a empezar!

»Todos hacen falta en la empresa, y si todo el mundo tuviera espíritu de empresario, no habría formas de mantener vivas las organizaciones, porque a nadie le motivaría trabajar en una empresa que no fuera suya. Igualmente, si todo el mundo fuera emprendedor, ¿quién se implicaría realizando un trabajo que han diseñado otros? Y si todos fuéramos ejecutores, ¿quién se arriesgaría a crear empresas que generan puestos de trabajo para todos? Afortunadamente, existen personas con todo tipo de motivaciones y con diversos niveles de capacidad para emprender.

»Sin embargo, dos de los colectivos mencionados deben ser destacados por su valor empresarial porque, sin ellos, no se generarían puestos de trabajo estables ni se crearían riqueza perdurable y socialmente útil. Se trata de los empresarios y los emprendedores. No resulta fácil encontrar empresarios, personas dispuestas a perderlo todo por un sueño, por una ilusión, por la convicción de que son capaces de dar servicio a otros de forma rentable. Igualmente, es difícil encontrar emprendedores porque, además, una vez que se encuentran y encajan en las empresa, resulta aún más difícil retenerlos, ya que eso implica que se deben satisfacer sus necesidades de desarrollar ideas y proyectos.

»Los empresarios necesitan emprendedores que desarrollen y propongan proyectos para así hacer crecer la empresa y general solvencia a largo plazo. Los trabajadores precisan de emprendedores que logren crear proyectos de futuro rentables y así generar y mantener puestos de trabajo. Los emprendedores necesitan empresarios, directivos, gestores y operarios que conviertan en realidad su energía creadora.

»Todos nos necesitamos, pero sin emprendedores, sean o no empresarios, el círculo dejaría de funcionar y la economía empezaría pronto a resentirse, con todas las nefastas consecuencias que ello conllevaría. Por eso, hoy más que nunca y con el objetivo de alcanzar mejores cotas de estabilidad económica y social, de situarse entre los países más competitivos y de lograr más altos niveles de calidad de vida: ¡se buscan emprendedores!